Pagos fuera de plazo: Problemas de liquidez en 2026
Los pagos fuera de plazo siguen creciendo en Chile y están afectando el flujo de caja de miles de empresas
Cuando analizamos la gestión de riesgo comercial, la preocupación tradicional suele enfocarse en el impago absoluto: un cliente que no paga. Sin embargo, existe un riesgo menos evidente pero de impacto profundo para la operación de las empresas: los pagos que llegan después del plazo contractual, lo que tensiona el flujo de caja y la planificación financiera.
En Chile,múltiples sondeos muestran que el comportamiento real de pago está por encima de los plazos establecidos por la ley. Entender este fenómeno y sus efectos operativos es clave para tomar decisiones con criterio en 2026.
¿Qué establece la Ley de Pago a 30 Días en Chile?
En Chile rige la Ley de Pago a 30 Días (Ley 21.131), que establece que las facturas deben pagarse en ese plazo contado desde la recepción de la factura, tanto en el sector privado como en el público, salvo excepciones muy específicas y documentadas.
La normativa incluso contempla:
- intereses por mora desde el día siguiente al vencimiento, y
- una comisión fija por recuperación de pagos en atraso.
Este marco jurídico debería llevar a plazos de cobro relativamente ajustados, promoviendo liquidez para los proveedores y una relación comercial más equilibrada.
Sin embargo, ese escenario legal no refleja por sí solo la realidad de los pagos entre empresas.
¿Qué muestran los datos recientes?
En una encuesta nacional realizada en julio y agosto de 2025 por la Asociación de Emprendedores de Chile (Asech) junto con CobranzaOnline.com, cerca del 80 % de las pequeñas y medianas empresas encuestadas declararon enfrentar retrasos en los pagos de sus clientes, aun cuando rige la Ley de Pago a 30 Días en Chile.
Más aún, mediciones específicas (en la misma encuesta) sobre comportamiento de pago muestran que el promedio real de días para recibir el pago supera ampliamente el plazo legal de 30 días. En varios casos estudiados durante 2025 se observan promedios que van desde los 38 hasta más de 47 días, dependiendo del tamaño de la empresa.
Peor aún: en sectores específicos, los plazos se estiran mucho más. Por ejemplo, algunos casos documentados por la Asech muestran que clientes institucionales pueden demorar más de 100 días en pagar facturas vencidas, un fenómeno que refleja dificultades operativas en el proceso de recepción, aceptación y pago de documentos.
En simples palabras, aun con una ley que busca acotar plazos de pago, en la práctica persisten demoras significativas. Esto no siempre se traduce en impago, pero sí en una compresión del efectivo disponible en el corto plazo.
¿Cómo afectan los clientes que pagan tarde al flujo de caja?
Este tipo de atrasos no aparecen inmediatamente como una pérdida, pero afectan de manera directa aspectos financieros que son críticos:
- Deterioro del flujo de caja: pagos fuera de plazo retardan la conversión de ventas en liquidez disponible, obligando a las empresas a financiar su propia operación.
- Aumento de costos financieros indirectos: para compensar retrasos, muchas empresas recurren a líneas de crédito o adelantos que encarecen su operación.
- Desorden en la gestión de cartera: cuando los plazos contractuales se estiran de forma habitual, se vuelve complejo proyectar ingresos y tomar decisiones de inversión o crecimiento.
Un cliente que paga tarde puede no estar en mora legal, pero su comportamiento afecta la salud financiera de la empresa proveedora.
El riesgo de normalizar los pagos tardíos
Una interpretación común —pero peligrosa— de estos datos es asumir que “siempre ha sido así” o que “una empresa paga tarde pero igual paga”.
- la empresa reduce su disciplina de #cobranza,
- subestima la importancia de evaluar tendencias de pago dentro de la misma cartera, y
- confunde un fenómeno estructural con una variación transitoria.
Este riesgo, cuando no se mide y se integra a la política de crédito, se transforma en un costo operativo silencioso que puede deteriorar márgenes y liquidez sin que haya incumplimiento formal.
Cómo enfrentar el riesgo de pagos fuera de plazo en 2026
Frente a este panorama, las empresas deben tomar decisiones financieras con criterio:
1. Incorporar tendencias de pago real en la evaluación de clientes: no basta con saber si han pagado alguna vez; es clave medir cuándo lo hacen realmente.
2. Evaluar el riesgo de liquidez asociado a ciclos de pago extendidos: esto implica ajustar montos máximos de crédito o plazos ofrecidos según el nivel de cumplimiento observado.
3. No confiar únicamente en plazos contractuales o legales: los efectos prácticos de la ley son importantes, pero los datos muestran que el comportamiento contractual puede diferir del comportamiento de pago real.
4. Monitorear indicadores de cartera que reflejen días de cobro real: esto permite anticiparse a tensiones de caja y a tomar decisiones preventivas.
Más allá del impago: entender cómo pagan realmente tus clientes
La existencia de una ley que limita los plazos de pago no ha eliminado el fenómeno de pagos fuera de plazo en Chile. Este riesgo no se manifiesta como impago inmediato, pero sí como una presión constante sobre el flujo de caja de las empresas.
En #OrsanEvaluaciones entendemos que el riesgo comercial no se reduce a saber si un cliente paga o no. El verdadero desafío está en anticipar cómo paga en el tiempo, especialmente cuando los atrasos se vuelven recurrentes y comienzan a afectar la liquidez y la operación de las empresas proveedoras.
Por eso, una evaluación financiera efectiva va más allá del cumplimiento formal y se enfoca en tendencias reales de pago, ciclos de cobro y señales tempranas de presión financiera. Incorporar este análisis permite ajustar decisiones de crédito con criterio, proteger el flujo de caja y evitar que atrasos normalizados se transformen en un problema estructural para el negocio.
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